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A todos nos ha pasado alguna vez: comprar porque todo el mundo habla de un activo. Vender presa del pánico cuando el precio cae. Entrar tarde por miedo a quedarse fuera. O pensar que esta vez sí has encontrado la inversión que te hará rico.
La mayoría de los inversores novatos creen que pierden dinero porque no saben suficiente o porque no son buenos invirtiendo. Pero la realidad es que los mayores tropiezos aparecen por tres motivos: invertir sin un método, asumir más riesgo del que deberías o dejar que las emociones tomen el control.
¿Por qué los errores de inversión se repiten?
Da igual si inviertes en acciones, fondos de inversión, ETFs o criptomonedas. Los errores del inversor principiante suelen ser parecidos.
El tema no está tanto en el activo como en la forma de tomar las decisiones. En algunos mercados, como el de las criptomonedas, los errores al invertir pueden tener consecuencias más rápidas debido a su volatilidad.
Los tropiezos se pueden englobar dentro de tres grandes categorías para que te resulte más fácil identificarlos. Los errores de planificación, de cartera y gestión del riesgo y los de comportamiento.
Incluso los inversores con experiencia pueden caer en ellos. La diferencia es que han aprendido a reconocerlos antes de que les cueste demasiado dinero y son rápidos a la hora de hacer cambios.
Invertir sin un objetivo ni un horizonte temporal
Si te preguntas cómo empezar a invertir, lo único que debes saber es que existen una serie de pasos básicos sobre los que después puedes ir moviéndote. Lo primero, fijar el objetivo. Imagina que te subes al coche y empiezas a conducir sin saber a dónde quieres ir.
Uno de los errores más habituales entre quienes empiezan es invertir simplemente porque hay que invertir. Compran un activo sin tener claro para qué lo hacen y, unos días después, cualquier subida o bajada del precio les hace dudar.
El problema no es el movimiento del mercado. El problema es que, sin un objetivo definido, cualquier movimiento parece urgente. Antes de invertir un solo euro, merece la pena responder a cuatro preguntas muy sencillas:
- ¿Para qué estoy invirtiendo?
- ¿Cuánto dinero voy a necesitar?
- ¿En qué plazo espero conseguirlo?
- ¿Qué nivel de incertidumbre estoy dispuesto a aceptar?
Usar dinero que puede hacer falta pronto
Hay una regla que muchos descubren demasiado tarde: nunca inviertas el dinero que podrías necesitar a corto plazo.
Los mercados no entienden de imprevistos. Si necesitas ese dinero justo cuando tus inversiones están en pérdidas, puede que no tengas más remedio que vender en el peor momento.
Por eso es tan importante diferenciar dos cosas que cumplen funciones completamente distintas.
- Tu fondo de emergencia, es el dinero que debe estar disponible por si surge cualquier imprevisto.
- Las inversiones, que sí pueden asumir cierta volatilidad porque, en principio, ese dinero no lo vas a necesitar de forma inmediata.

Separar ambas cuentas puede parecer un detalle sin importancia, pero marca una enorme diferencia. Invertir es mucho más fácil cuando sabes que, pase lo que pase en el mercado, tienes un colchón.
Confundir tolerancia al riesgo con capacidad de asumir pérdidas
Cuando alguien empieza a invertir es muy habitual escuchar frases como: "Yo no tengo problema en asumir riesgos". Y puede que sea verdad...hasta que la cartera cae un 30%. En ese momento es cuando descubres que no es lo mismo sentirte cómodo con la volatilidad que poder asumir realmente una pérdida.
La tolerancia al riesgo tiene que ver con la parte emocional. Es cómo reaccionas cuando ves que el valor de tus inversiones sube o baja. La capacidad de asumir pérdidas, en cambio, es una cuestión financiera.
Imagina que has invertido el dinero que pensabas utilizar dentro de unos meses para la entrada de una vivienda. De repente, el mercado corrige y tu cartera cae un 30%.
Aunque emocionalmente seas capaz de mantener la calma, la realidad es que ahora dispones de mucho menos dinero del que necesitabas. Quizá tengas que retrasar la compra de la casa, pedir una financiación mayor o vender la inversión con pérdidas porque no puedes esperar a que el mercado se recupere.
Comprar por FOMO o por una historia viral
Entras en redes sociales y todo el mundo habla de la misma inversión. Ves titulares que prometen rentabilidades espectaculares, vídeos de personas diciendo que han duplicado su dinero y comentarios como "todavía estás a tiempo" o "esta oportunidad no volverá a repetirse".
Y entonces aparece el famoso FOMO, es decir, el miedo a quedarse fuera.
Aquí es cuando dejamos de analizar y empezamos a reaccionar. La urgencia nos hace pensar que hay que comprar ya mismo. El problema es que, en muchas ocasiones, cuando una inversión se ha convertido en tema de conversación en todas partes, buena parte del movimiento ya se ha producido.
Una forma muy sencilla de evitar este error es obligarte a esperar antes de comprar. También resulta muy útil hacer un ejercicio que parece demasiado simple para funcionar: escribir por qué quieres comprar ese activo.
Creer que una subida demuestra que el activo es bueno
Suena lógico, pero no siempre es cierto.
Que el precio de un activo haya multiplicado su valor en los últimos meses no significa automáticamente que sea de calidad, que esté bien valorado o que vaya a seguir subiendo. El mercado puede estar reaccionando a expectativas muy optimistas, a una moda pasajera o, simplemente, a un exceso de entusiasmo por parte de los inversores.
Es como ver una cola enorme en la puerta de un restaurante y dar por hecho que la comida tiene que ser espectacular.
Una subida espectacular puede hacer que el activo resulte mucho más caro que hace unos meses y que el margen para seguir creciendo sea menor. Aquí también entra en juego un sesgo psicológico muy conocido: el sesgo de resultado. Consiste en pensar que una decisión fue buena simplemente porque salió bien.
Por eso, cuando analices una inversión, intenta mirar más allá del gráfico. Pregúntate qué hace valioso ese activo, por qué podría seguir creciendo y si su precio actual tiene sentido, en lugar de asumir que una fuerte subida es, por sí sola, la prueba de que estás ante una gran oportunidad.
No diversificar
¿Recuerdas el dicho de "no pongas todos los huevos en la misma cesta"? Pues es uno de los mejores consejos que existen para empezar a invertir.
Muchos inversores noveles encuentran una empresa, un fondo o una criptomoneda que les convence y deciden apostar casi todo su dinero por esa única inversión. El problema es que nadie puede predecir el futuro. Si todo tu dinero depende de un único activo, cualquier problema tendrá un impacto directo sobre toda tu cartera.
Pero la concentración no solo ocurre cuando inviertes en un solo activo. También puedes estar concentrando el riesgo si todas tus inversiones pertenecen al mismo sector (como tecnología o energía) o si dependen de una única región, por ejemplo, si todo tu dinero está invertido en empresas de un solo país.
Ahí es donde entra en juego la diversificación. Consiste en repartir las inversiones entre diferentes activos, sectores o zonas geográficas para que el comportamiento de uno solo no determine el resultado de toda tu cartera.
Concentrar demasiado en una sola acción o criptomoneda
Muchos inversores principiantes creen que, si una empresa o una criptomoneda tiene mucho potencial, lo más lógico es destinar una parte muy importante de su dinero. El razonamiento parece sencillo. Pero esa misma lógica también funciona a la inversa.
En inversión, el tamaño de una posición puede cambiar por completo el nivel de riesgo, aunque la idea sea exactamente la misma. La clave no está únicamente en qué compras, sino también en cuánto compras.
Intentar acertar siempre el mejor momento
Si llevas un tiempo leyendo sobre inversiones, seguro que has pensado alguna vez: "Voy a esperar a que baje un poco y entonces compraré."
Suena como un gran plan... hasta que el mercado siga subiendo sin ti.
O justo al revés: vendes porque crees que viene una caída importante y, unos días después, los precios vuelven a subir. A esto se le conoce como market timing, es decir, intentar adivinar cuál es el mejor momento para comprar y vender.
Para que esta estrategia funcione, tienes que tomar dos decisiones correctas:
- Saber cuándo salir del mercado.
- Saber cuándo volver a entrar.
Una alternativa que utilizan algunas personas es realizar aportaciones periódicas cada cierto tiempo llamada Dollar Cost-averaging. De esta forma, dejan de preocuparse por encontrar "el día perfecto" y convierten la inversión en un hábito.
Esto ayuda a reducir el impacto de las decisiones impulsivas y evita quedarse paralizado esperando ese momento perfecto.
Operar demasiado y confundir actividad con progreso
Cuando empezamos a invertir sentimos que hacer muchas operaciones significa invertir mejor.
Compramos, vendemos, volvemos a comprar, cambiamos de estrategia, sustituimos un activo por otro... y terminamos convencidos de que estamos siendo muy activos y, por tanto, muy buenos inversores.
Pero cuidado, porque actividad y progreso no son lo mismo. De hecho, uno de los errores al invertir más comunes es caer en el overtrading. De hecho en 2023 la CNMV trató de proteger a los inversores minoristas prohibiendo la publicidad de los CFD porque la mayoría entraba en pérdidas.
¿Por qué puede ser un problema?
Para empezar, porque cada operación tiene un coste. Puede que cada uno de esos costes parezca pequeño por separado, pero cuando haces decenas o cientos de operaciones, terminan restando una parte importante de la rentabilidad.
Por otro lado existe otro coste del que se habla muy poco: la fatiga de decisión. Cuantas más decisiones tomes cada día, más fácil es actuar por impulso.
Ignorar comisiones, spreads e impuestos
Cuando empezamos a invertir solemos fijarnos en cuánto podemos ganar. Pero es igual o más importante saber cuánto nos cuesta invertir.
Entre los costes más habituales están las comisiones de compra y venta, los spreads y los impuestos derivados de las operaciones realizadas.
Imagina que inviertes 10.000 euros y obtienes una rentabilidad bruta del 10%. Sobre el papel habrás ganado 1.000 euros. Sin embargo, si entre comisiones, spreads y otros costes relacionados con la operativa has asumido 200 euros, tu beneficio antes de impuestos ya no será de 1.000 euros, sino de 800 euros.

Lo mismo ocurre con la fiscalidad. Dependiendo del país en el que residas y del tipo de inversión que realices, las ganancias obtenidas pueden tener un tratamiento fiscal específico.
Usar apalancamiento antes de entender las pérdidas
El apalancamiento suele presentarse como una forma de multiplicar las ganancias. Y, aunque es cierto, también multiplica las pérdidas.
Por eso, uno de los errores más peligrosos que puede cometer un inversor principiante es utilizar apalancamiento antes de comprender realmente cómo funciona y cuáles son sus riesgos.
Muchos principiantes se sienten atraídos por el apalancamiento porque ven vídeos o publicaciones en redes sociales donde alguien presume de haber obtenido beneficios espectaculares en muy poco tiempo. Lo que rara vez se muestra con el mismo entusiasmo son las ocasiones en las que esa estrategia termina generando pérdidas igual de rápidas o incluso mayores.
Antes de utilizar herramientas que aumentan el riesgo, conviene hacerte una pregunta muy sencilla: ¿soy capaz de gestionar una inversión normal cuando el mercado cae? Si la respuesta es no, añadir apalancamiento probablemente no solucionará el problema sino que lo hará más grande.
Comprar sin una tesis que pueda ponerse a prueba
Una de las preguntas más importantes que puedes hacerte antes de invertir es sorprendentemente sencilla: ¿Por qué estoy comprando este activo?
Muchos inversores compran porque un amigo se lo ha recomendado, porque han visto un vídeo en YouTube, porque el precio no deja de subir o porque todo el mundo dice que tiene potencial.
Pero en realidad esto no son motivos para comprar. Si no sabes por qué has comprado, tampoco sabrás cuándo deberías vender.
Aquí es donde entra en juego lo que se conoce como una tesis de inversión. No es más que una explicación clara de por qué crees que una inversión tiene sentido y qué tendría que ocurrir para considerar que te has equivocado.
Una buena tesis puede resumirse respondiendo a estas cuatro preguntas:
- ¿Por qué creo que esta inversión debería funcionar? ¿Qué razones objetivas me hacen pensar que puede generar valor en el futuro?
- ¿En qué plazo espero que esa idea se desarrolle? No es lo mismo una expectativa de unos meses que una inversión pensada para varios años.
- ¿Cuáles son los principales riesgos? Toda inversión tiene puntos débiles. Identificarlos desde el principio ayuda a evitar sorpresas.
- ¿Qué evidencia me haría cambiar de opinión? ¿Qué tendría que ocurrir para reconocer que mi análisis era incorrecto y que ha llegado el momento de revisar la inversión?
No definir reglas de revisión, rebalanceo o de salida
La mayoría de inversores novatos dedican horas a decidir cuándo comprar, pero apenas piensan en qué harán después. Y ahí empieza el problema.
Si no has definido unas reglas básicas, es muy fácil acabar reaccionando a cada movimiento del mercado. Un día vendes porque el precio cae. Al siguiente vuelves a comprar porque se ha recuperado un poco. Y una semana después vuelves a cambiar de opinión porque has leído una noticia negativa.
Al final, no estás siguiendo un plan. Estás dejando que el mercado decida por ti. Una cosa es revisar una cartera de forma planificada y otra muy distinta vivir pendiente de cada vela del gráfico.
Vender por pánico después de una caída
Hay un momento que pone a prueba a todos los inversores. No es cuando el mercado sube y todo parece fácil. Es cuando abres la aplicación, ves que tu cartera ha caído con fuerza y entras en pánico mientras te preguntas cuánto tiempo más va a seguir la dinámica. Es entonces cuando aparece uno de los sesgos más estudiados en finanzas: la aversión a las pérdidas.
Lo curioso es que ese pánico suele revelar un problema que venía de mucho antes. En muchos casos, el mercado no ha cambiado tanto como para justificar esa reacción. Lo que realmente ha quedado al descubierto es tu capacidad de gestión del riesgo y que el nivel de riesgo asumido era demasiado alto para esa persona.
Esto suele hacerse especialmente evidente durante los drawdowns. Es en esos momentos cuando descubrimos si nuestra estrategia estaba preparada para soportar la volatilidad... o solo parecía buena mientras todo subía.
Descuidar la custodia y la seguridad de la cuenta
En el mundo de las criptomonedas se suele decir que la seguridad no es un producto, sino un hábito. Dedicar unos minutos a proteger tus cuentas puede marcar la diferencia entre una mala experiencia de inversión y una pérdida irreversible.
Los ataques más habituales no suelen consistir en sofisticados hackeos, sino en errores que cualquiera puede cometer.
Uno de los más frecuentes es el phishing, páginas web, correos electrónicos, apps o mensajes que imitan plataformas para robar tus credenciales o hacerte firmar operaciones fraudulentas.
Otro punto especialmente delicado son las frases de recuperación. Son las palabras que permiten recuperar el acceso a una cartera. Por tanto, quien las conoce puede controlar los fondos. Compartirlas con otra persona, almacenarlas en lugares inseguros o introducirlas en una página web que las solicite puede suponer la pérdida de todos los activos.

Además, antes de enviar criptomonedas conviene comprobar cuidadosamente la dirección del destinatario. Una dirección copiada de forma incorrecta o modificada por un programa malicioso puede hacer que los fondos se envíen a otra cartera y, en la mayoría de los casos, esa operación no pueda deshacerse.
Otra medida muy recomendable es activar la autenticación de dos factores (2FA) siempre que esté disponible. Añadir una segunda capa de verificación dificulta que un tercero pueda acceder a tu cuenta incluso si consigue averiguar tu contraseña.
Conclusión: un buen proceso reduce errores evitables
Seguro que te habrás sentido identificado con más de uno de estos errores del inversor novato. No pasa nada. De hecho, sería raro que no fuera así.
La mayoría de los inversores pierden dinero por tomar decisiones impulsivas, asumen más riesgo del que realmente pueden soportar o invierten sin un plan claro. La buena noticia es que muchos de esos errores se pueden evitar.
Eso significa tener objetivos claros, invertir solo el dinero adecuado, diversificar, entender los riesgos que asumes, revisar tu cartera con criterio y dejar que las decisiones respondan a un plan en lugar de a las emociones del momento.
También implica aceptar una realidad que a todos nos cuesta: invertir siempre conlleva incertidumbre.
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